Cuando era niña me
gustaba mucho jugar con mis juguetes, tenía varios de ellos: muñecas, peluches,
artículos de cocinita.
Mi favorita era mi
muñeca llamada Leila, que me la regalaron cuando tenía cuatro años. Me la regaló mi prima
Teresa, estaba un poco desgastada, pero yo igual la apreciaba mucho por que era
mi primera muñeca y siempre quería jugar con ella.
Siempre la tenía en
mi habitación, en un lugar muy especial.
Un día, Marcia, mi
amiga me invitó a su casa junto a otros compañeros y quedamos en llevar
nuestros juguetes.
Entre ellos muy
emocionada llevé mi muñeca. Fue muy divertido porque todos compartimos nuestros
juguetes. Cuando la reunión terminó, todos nos fuimos a casa. Llegué cansada y
me eché a dormir.
Al día siguiente
cuando desperté me di con la sorpresa que mi muñeca Leyla no estaba en su
sitio. Busqué por toda mi habitación pero no la encontré.
Le dije a mamá que mi
muñeca no estaba, ella me regañó, me dijo que debí tener cuidado y ser más
responsable.
Entonces me di cuenta
de que la tarde anterior había llevado a Leyla a la reunión en casa de Marcia,
y pensé que la había olvidado allí.
Fui a buscarla a casa
de Marcia con mi madre pero no la hallé por ningún lado, me puse muy triste,
era como mi mejor amiga. Me dije debí ser mas cuidadosa pero Leyla ya estaba
perdida.No tenía ganas de jugar con mis otros juguetes y solo pensaba en Leyla.
Hasta que un día fui
a casa de mi compañera Katia y vi que su hermana jugaba con una muñeca igualita
a Leyla.
Me acerqué y era
Leyla, le dije a Katia que esa era mi muñeca , no le quedó otra opción que
devolvérmela.Regresé a casa muy feliz y prometí ser más cuidadosa y
responsable.

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